El tanga vibrador

Desde que pusieron en la tele la cruda realidad no había podido olvidarse de aquella escena en la que Katherine Heighl se llevaba puesto a una cena de trabajo el tanga vibrador que le regaló el amigo. Vaya punto cuando al niño de la mesa contigua le llegó accidentalmente el mando y empezó a activarlo. Katherine se retorcía de placer mientras su jefe y los otros comensales la miraban sorprendidos y extrañados.

En fin, quién fuera Katherine Heighl por muchas otras razones, pero Marta pensó que el asunto del tanga se podía solucionar. Durante el último mes, Julio había estado fuera casi dos semanas entre aquella feria y otras reuniones. Salvo un aquí te pillo aquí te mato de hace dos semanas no habían tenido intimidad, y Marta era de las que no tenía problema en compaginar horarios con tal de tener esos momentos con Julio; la verdad estaba que se subía por las paredes. No lo pensó más y encendió el mac, ya tenía agregada en favoritos aquella tienda online en la que de vez en cuando compraba lubricantes y otras cositas para los fines de semana. En dos días ya había recibido su tanga y estaba deseosa de probarlo, por lo que el miércoles invitó a Julio para cenar. A él le extrañó, pues los miércoles Marta suele ir a jugar al padel con sus amigas de la universidad, pero aceptó raudo la invitación pues él también estaba deseando verla.

Durante la tarde, a ratos mientras preparaba la cena Marta siguió buscando en google acerca del tanga vibrador. Leyó un artículo que decía que Angelina Jolie solía llevar muchas veces uno puesto, “a los famosos también les pica como a todo el mundo”, pensó. Se imaginaba a Angelina en esas aburridas fiestas de Hollywood pasándolo en grande con su tanga, no sabemos si Brad estaría con el mando o no.

Julio llegó puntual como siempre, se le veía algo impaciente por cenar, aunque Marta sabía que no era por el menú, pues debido a sus limitaciones culinarias casi siempre hacía el mismo plato. Marta quería calentar el ambiente, y además de llevar esa blusa escotada que volvía loco a Julio encendió esas tiras de incienso erótico con sabor a canela tan agradable.

La cena transcurrió entre risas acerca de los compañeros del trabajo. Julio tenía un encanto especial relatando cotilleos de la empresa, lo hacía de esa forma tan ingenua sin hablar mal de nadie, sólo centrándose en los aspectos jocosos de las anécdotas.

A la hora del postre Marta le sirvió en un plato el mando del tanga envuelto en papel de regalo. En cuanto Julio lo abrió supo que era un mando pero no de qué objeto. Ella se sentó justo delante suya en aquella pequeña silla y abrió las piernas, dejando a la vista aquel liguero tan generoso que se ajustaba tan decidido a los firmes muslos de Marta. “Dale al on y lo averiguarás” le dijo. Así lo hizo él y Marta comenzó a sentir el hormigueo rápidamente, era incluso mejor de lo que imaginaba y tener a Julio delante le daba un morbo tremendo. Al minuto se estaba retorciendo de placer, y se masajeaba los senos mientras Julio  miraba atónito el espectáculo. Ya os podéis imaginar cómo acabó la velada.

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