La entrenadora sexual (sex coach)

Otra muesca en el calendario. Desde la última vez que discutieron Antonio decidió apuntar todas las semanas que pasaban desde la última relación con su mujer. La verdad es que llevaban varios años en esta dinámica, con Paula desganada y sin mostrar interés. Quedaban lejos aquellos primeros años de pasión.

Ensimismado en sus pensamientos, al pasear al perro reparó en que el adosado de enfrente había sido alquilado. Se podía ver a una chica de unos treinta años descargando cajas. La visión fue como un rayo para Antonio, con lo necesitado que estaba contemplar aquellas caderas y esos pechos generosos era un regalo divino.

Tomó la iniciativa y se presentó a su nueva vecina. Se llamaba Cristina y era muy agradable y abierta, así que decidió invitarla a cenar para pasar una velada entretenida para variar.

Cristina llegó puntual, y llevaba puesto un vestido  muy ceñido que ayudó mucho a Antonio pues llevaba todo el día intentando adivinar sus curvas en profundidad.

Cuando presentó a Cristina, pudo observar un rubor en las mejillas de Paula, y se quedó extrañado, aunque  la vecina llevaba puesto un perfume a base de feromonas que enriquecía mucho el ambiente y hacía propicio calentarlo más.

Cristina había traído una botella de vino bastante bueno la verdad, y aunque al principio de la velada había estado dando largas de su oficio, a mitad de la noche nos confesó que su oficio era ser una sex coach, pero que no era psicóloga ni tenía estudios, sus conocimientos venían de la experiencia. Les llamó la atención pues habían estado siguiendo el programa de la tele y seguro que debido a los efectos del alcohol Antonio decidió  contarle su problemática. Ella escuchó atentamente toda su argumentación mientras la cara de ira de Paula iba en aumento. Cuando al fin terminó Paula explotó y para su pesar explicó que la rutina había devorado su relación, y que apenas le importaba ya el sexo, que no era tan importante.

Cristina le fue dando consejos, y a las dos de la mañana ya habían pasado al whisky que le regaló aquel cliente tan majo de Escocia. De la primera tensión ahora tocaban las risas y Antonio observó que Paula no dejaba de mirar a Cristina con una gesto que ya tenía prácticamente olvidado, una mirada lujuriosa.

Cristina no era ajena a su manera de mirar, y en un momento confesó que Paula seguía siendo una mujer muy deseable,  y lo que necesitaba era un estímulo extra.

Antonio se sintió algo confuso ante esto y fue al baño a refrescarse un momento, su erección era enorme,  y debido a lo bien dotado que era necesito un rato para que se le bajara la inflamación, pues no era plan de aparecer así en el salón. Nunca se había planteado que Paula pudiera sentirse atraída por mujeres.

Cuando al fin regresó se quedó de piedra. Las dos mujeres se estaban besando ardientemente. La vista de Cristina masajeando los grandes pechos de Paula le maravilló para su sorpresa, y entrelazaban sus lenguas con una avidez que nunca pensó posible para su mujer.

Decidió que era mejor no interrumpir ese momento, así que se escondió detrás de la puerta y observó. A los quince minutos ya estaban las dos desnudas, y estaban realizando un maravilloso 69, daba gusto ver a su mujer lamiendo la vulva de Cristina mientras apretaba sus generosos glúteos hacia fuera.

Ya no podía aguantar más y preguntó ¿hay sitio para mí? A lo que Cristina dijo, claro que sí, ven y aprende.

Estaba claro que Cristina se había percatado de que le iban a estallar los pantalones, y rápidamente se los bajó, dejando claramente a la vista aquella verga tan hinchada. La agarró como si fuera la vida en ello y empezó a devorarla sin ninguna piedad. Paula antes esta imagen se desató completamente y entre las dos le hicieron el mejor francés de su vida.

Después Cristina se sentó a horcajadas. Le sorprendió lo fácil que le había entrado su amplio miembro, Paula mientras le succionaba con arte los pezones.

Cristina se percató que Antonio estaba haciendo verdaderos esfuerzos por no correrse, debido al tiempo que llevaban sin sexo, y se salió muy rauda diciéndole a Paula, ahora tienes que satisfacer a tu marido.

No sé de qué manera Cristina había adivinado sus deseos, pero empezó a lamer en el ano de Paula, y poco a poco empezó a dilatarlo. Paula siempre se había negado a mantener sexo anal con Antonio debido al tamaño de su verga, pero aquella noche alguien se había llevado a su mujer y había dejado en su lugar a esta ardiente señora, que al rato tenía esa parte preparada. Cristina dijo “haz realidad tu fantasía”.

Antonio empezó a penetrarla suavemente, el relajante anal que Cristina había sacado de repente como mago de una chistera había hecho su efecto, y Paula se retorcía de placer mientras Cristina estimulaba su clítoris.

A los dos minutos Antonio no podía más y estalló dentro de Paula, lo que ella recibió con unos gemidos de placer difíciles de describir.

La velada acabó de aquella manera tan difícil de imaginar y Antonio aquella noche recordó aquella canción que decía “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.

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