Peor para el sol

Aquella tarde, tumbado en el sofá Marcos decidió echar una vista rápida a sus últimos meses. Desde ese fatídico martes hacía  ya tres meses en que el necio de Martínez decidió que él era el más caro de los comerciales de la empresa se había dejado vencer por la situación. La verdad es que a pesar de la disminución de ventas de la compañía, estaba muy tranquilo respecto a su puesto de trabajo pues tenía una clientela estable, pero no vio venir el golpe desde ese ángulo. Tenía que aprender de la jugada.

Hurgando en los recuerdos de las últimas semanas, reparó en que llevaba más de dos meses sin tener una relación sexual. Para lo activo que siempre había sido era un plazo muy largo ese tiempo pasado desde aquel intermedio en los servicios de aquella discoteca, con la sobrina de Martínez. La verdad es que no le atraía en demasía a excepción de ese potente culo, pero era una forma de vengarse por el despido.

A solas con sus pensamientos decidió tomar una copa en el pub de su amigo Juan. Este siempre sabía escucharle y nunca pedía nada a cambio( salvo unas cuantas cervezas). Nada más entrar por la puerta reparó en la mujer que estaba hablando con Juan en la barra. Nunca había visto unos vaqueros tan bien ajustados en una señora de unos cuarenta y pocos. Estaba ligeramente inclinada en la barra hacia Julio, por lo que ese prieto y respingón trasero hacia alarde de su presencia. Le vino a la cabeza la palabra MILF, término americano para las cuarentonas sexualmente atractivas.

Saludó a Julio con un abrazo y se percató que la dama también le estaba mirando el trasero; “tantas horas de gimnasio han servido para algo”  se dijo.

Juan la presentó, “aquí Azucena una buena clienta del bar”. Se dieron dos besos y Marcos adivinó la marca del perfume de ella, pues la fragancia de su piel era muy suave, lo que provocó una semi erección en Marcos, tan exigente en lo que a olores se refiere.

Azucena le estuvo contando que era una mujer infelizmente casada, típica historia del hombre de negocios que pasa mucho tiempo fuera y seguramente con otras mujeres. A Marcos le costaba asimilar que un hombre se pudiera cansar de semejante hembra: 1,70 de estatura, senos generosos y unos labios carnosos discretamente pintados con carmín.

Marcos ejerció todo su poder empático sobre ella, y a las dos horas pudo comprobar que el trabajo bien hecho tiene sus resultados. Azucena había pasado de estar somnolienta y aburrida a hablar sin parar y contándole todo tipo de detalles acerca de la falta de afecto de su marido. Pronto empezó a tocar el tema sexual, y Marcos contempló el despertar de una clara tensión sensual entre ellos, había logrado su objetivo.

No dudo y lanzó una ofensiva de halagos sinceros hacia su figura, a lo que Azucena respondió desabrochándose un par de botones de la blusa. Hace mucho calor se dijo…..

Marcos  miró descaradamente el escote de ella y en ese momento  no pudo evitar canturrear una de sus canciones preferidas del maestro Sabina: “peor para el sol”.

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